JUNTOS ALENTAMOS MÁS

Crónica de un triunfo anunciado: No hay mal que dure 100 años


Comenzamos esta crónica parafraseando dos libros del gran escritor Gabriel García Márquez, porque lo vivido por el Chile futbolero en estos 99 años de dolorosas derrotas e insípidos triunfos morales, es como sacado de un cuento del colombiano: puro realismo mágico.

Estuvimos tantas veces a punto, eramos hijos e hijas del casi casi, del "palo de Pinilla" o del "penal de Caszeli", pero la suerte, ese animal esquivo, nunca nos sonrío y tuvimos que criarnos alimentados por los recuerdos de un tercer lugar en el mundial de nuestros abuelos, como nuestro mayor logro en cuanto al fútbol. Pero el 2015 se presentaba como una página en blanco, en donde la garra del Gary o las gambetas de Alexis, podían escribir una historia nueva.

El gol de Isla a los 36 del segundo tiempo venció a los uruguayos, campeones vigentes, en un partido de roce que quedará en el recuerdo por la jugada antideportiva de Jara que sacó de sus casillas a Cavani, quien se fue expulsado en un partido en donde Chile tuvo un control abrumador sobre el balón, mismo control que les faltó a ellos en su temperamento. ¿Se merece la sanción Jarita? Sí, se la merece, puesto que el fútbol es una instancia formativa y como tal una oportunidad pedagógica para nuestros niños y la sociedad toda. ¿Merece que lo crucifiquemos por su accionar? No, las segundas oportunidades hablan bien de quien las da y de quien las recibe.

Luego vino Perú, quien fue un rival más que digno. De excelente trato de balón y una entrega física admirable, los peruanos plantaron cara dirigidos por Ricardo Gareca ante un Chile sorprendido y, a veces, sin ideas. Fue determinante la correcta expulsión de Zambrano, apenas a los 21 minutos del primer tiempo, lo que condicionó el trámite del evento en un partido que se le complicó en extremo a Chile. La Roja empujaba a veces descontrolada, a veces furiosa, como un tsunami de esos a los que estamos acostumbrados.Terminamos ganando justamente con un golazo de Vargas. Mientras, allende Los Andes, los argentinos celebraban una actuación soberbia frente a Paraguay. El marcador era expresivo e inapelable, 6 a 1. Argentina iría a la final con Chile en un escenario soñado.

En cada pueblo de esta larga y terremoteada franja de tierra, los chilenos nos preparamos para el partido que rompería la maldición de 99 años sin títulos, desde que comenzamos a jugar esta copa en 1916. En la hermosa comuna de Cabrero, no podía ser diferente. La primera autoridad comunal, el Alcalde Mario Gierke Quevedo, dispuso que se instalara una pantalla gigante en la Plaza de Armas de Cabrero y llamó a los vecinos a ver juntos la final porque "juntos alentamos más", según declaró.   Los funcionarios municipales comenzaron a trabajar desde varios días antes para tener todo listo en el momento clave. Las transmisiones comenzaron a las 15:30 para hacer la previa al encuentro y, poco a poco, se fueron acercando algunos vecinos con sus banderas y gorros festivos. El termómetro marcaba 3 grados a eso de las 16:00 horas en Cabrero, pero no fue impedimento para más de 300 hinchas se comieran las uñas durante todo el encuentro.

La presión adelantada de Argentina impidió que Chile saliera con facilidad, los pases a Claudio Bravo por parte de la defensa fueron muchos y a veces peligrosos. La Roja golpeaba de vuelta con Jorge Valdivia, quien quebró dos veces el ordenamiento defensivo con pelotazos al vacío para el descuelgue de Mauricio Isla. Chile comenzó a tocar de primera y los marcadores argentinos corrían detrás del balón. Los cabrerinos respondían con gritos y aguante.

El partido fue una joya de la ingeniería futbolística, un manjar para los que apreciamos el buen fútbol. Las escuelas tácticas se enfrentaron esperando que ese detalle mágico definiera el encuentro. Es cierto que Chile tuvo más oportunidades de marcar que Argentina y que la posesión del balón fue nuestra, pero por lo menos en tres oportunidades muy claras, los trasandinos pudieron arrebatarnos el sueño.  Llego el alargue sin goles y terminó igual. Luego vino la ronda de penales y Chile mantuvo la cabeza fría y el corazón hirviendo. En la Plaza de Armas de Cabrero, en la histórica Monte Águila, en Charrúa, El Progreso, Quinel, en Colicheu, en Pillancó, en cada uno de los hermosos rincones de esta noble tierra llamada comuna de Cabrero, la respiración estaba contenida y el grito congelado en la garganta.

Convirtieron Matías, Aranguiz y Vidal para Chile. Anotó Messi, elevó a las nubes Higuaín y Bravo, el tremendo capitán, se lo atajó a Banega.  Todo quedaba en los pies de Alexis, quien se lo corrió todo, las peleó todas, pero no puedo frente a la férrea marca argentina. Se paró frente al punto penal, tomo aire y apenas se la picó a Romero quien miró con una sonrisa de resignación cómo el balón entraba a su arco despacio, a fuego lento, con clase.   La Plaza de Cabrero estalló, la gente se abrazaba, ya no importaba el frío, porque el pueblo se merecía esta alegría, porque Chile se merece más y este título es un símbolo de que las cosas más difíciles se pueden lograr y de que la historia se puede reescribir con un final feliz para la gente de esta tierra.

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06-07-2015 | Visto 1928 veces